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La Dieta de Atkins. El péptido YY. The Economist. 9 de Septiembre de 2006 Traducción: aparatodigestivo.net La dieta de Atkins ha sido criticada, muchas veces, de provocar una caída en las ventas de pan, un aumento en el consumo de ternera, ... y de causar mal aliento en algunas de las mujeres más guapas del mundo. Esta dieta permite, al individuo que la sigue, comer tantas proteínas como quiera con la condición que consuma cantidades despreciables de hidratos de carbono. Si se sigue estrictamente, parece funcionar. La pregunta es por qué? Robert Atkins, el inventor de la dieta, murió creyendo que había descubierto una forma de alterar el proceso metabólico normal. Pensaba que su dieta, de alguna forma, estimulaba los tejidos del organismo a quemar más la grasa acumulada de la que quemarían normalmente. Sin embargo, investigaciones más recientes sugieren que esto no es así. Varios estudios han reportado que incrementar la cantidad de proteínas en la dieta aumenta y prolonga la sensación de plenitud. Esta sensación reduce el deseo de comer en el que sigue la dieta y, por ello, la cantidad de comida que consume. Una dieta de Atkins es por lo tanto, una dieta hipocalórica (baja en calorías) en el que el poder de la voluntad no es necesario excepto para limitar el consumo de carbohidratos.
Hasta ahora, sin embargo, no se conocía la razón por la que una dieta rica en proteínas causa esta sensación plenitud. Rachel Batterham y sus colegas del University College de Londres creen haber encontrado la respuesta. Recientemente han publicado un artículo en la revista "Cell Metabolism" demostrando que la conexión entre la ingesta de proteínas y el control del peso está mediada por una proteína de pequeño peso molecular denominada péptido YY.
Este péptido es una hormona que regula el apetito; aunque es liberada al flujo sanguíneo desde el intestino, actúa en el núcleo arcuato del hipotálamo -la región del cerebro que controla el apetito-. Esa función era bien conocida antes del estudio de la Doctora Batterham, sin embargo hasta el momento, se desconocía qué era exactamente lo que estimulaba la liberación del péptido YY en el intestino. La Dra Batterhma sospechaba que la proteína podía ser más efectiva que los hidratos de carbono en estimular la liberación de este péptido. Buscó voluntarios para realizar un experimento en condiciones de ayuno. Después que los voluntarios no hubieran comido en las últimas 14 horas, les proporcionó una comida de 1200 calorías. Les pidió repetir este proceso por tres veces intercalando una semana entre los ayunos. En una ocasión, la mayor parte de las calorías de la dieta las proporcionaba en forma de proteínas; en la otra, en forma de grasas y en la tercera en forma de hidratos de carbono. Las comidas tenían un aspecto semejante y los voluntarios las definieron como igual de gustosas. Éstos también comieron lo mismo antes de cada ayuno y se les pidió que realizasen actividades lo más parecidas posible en las tres ocasiones. Después de cada una de las ingestas, la Dra. Batterham les extrajo sangre, cada 30 minutos, durante una hora y media y midió, la concentración del péptido YY. Como ella sospechaba, la mayor concentración del péptido se obtuvo tras la comida rica en proteínas.
Una vez probó su hipótesis en humanos, se concentró en un animal de laboratorio más fiable: el ratón. Primero probó que los ratones responden a una dieta rica en proteínas de la misma forma que las personas -tanto en la respuesta a corto plazo (concentración de péptido YY) como a largo plazo (reducción de la obesidad). Una vez confirmada esa similitud fue capaz de experimentar con la idea de que el péptido YY podría ser utilizado directamente como agente adelgazante y eliminar, así, los efectos secundarios de una dieta compuesta por carne, huevos y queso, tales como diabetes, enfermedades coronarias, enfermedades del riñón y anormalidades hepáticas y óseas.
Para ello, empleó ratones con el gen del péptido YY bloqueado en su DNA lo que impide producir la hormona. Así, los ratones obesos mantienen el peso incluso cuando son alimentados con el equivalente de una dieta de Atkins. Por el contrario, aquellos con el péptido YY en niveles apropiados perdían peso incluso con una alimentación normal. Estos datos, al menos, permiten animar a las personas que se ven incapaces de seguir una dieta a base de bistecs o, simplemente, de comer menos y hacer más ejercicio. Seguro que tendremos más noticias del péptido YY.
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